Olor persistente, descamación visible, picor frecuente, cambios de textura o zonas de roce excesivo merecen atención.
No todo lo que observamos en peluquería tiene valor clínico, pero sí podemos detectar señales visibles que conviene comentar a la familia.
Informar a tiempo ayuda a tomar mejores decisiones de mantenimiento y, cuando hace falta, pedir valoración veterinaria.