Cepillar no es pasar una herramienta por encima. Hay que llegar a raíz, revisar zonas de fricción y usar la herramienta adecuada para ese manto.

Un buen cepillado doméstico reduce nudos, mejora el mantenimiento entre sesiones y disminuye la necesidad de decisiones drásticas.

Lo importante es encontrar una rutina realista y sostenible para la familia y tolerable para el perro.